Los olivares, infinita alfombra, conforman junto a la inigualable calidad de su aceite la mayor riqueza y el orgullo de estas tierras. Entorno al oro líquido que en la provincia andaluza de Jaén obtienen del presado de la aceituna gira toda una cultura, jalonada por denominaciones de origen, sabores, catadores y efectos terapéuticos, que como en el mundo del vino proviene de la tradición heredada desde la civilización romana.

La mayor parte de los terrenos de la comarca se dedican al cultivo del olivar, más de un centenar de almazaras de productos de aceite de oliva funcionan en esta comarca y su producción supera las cien toneladas anuales. Irremediablemente, su gastronomía típica está ligada a este tesoro en que sustentan sus potajes, su pipirrana, sus migas y, como especialidad de la ciudad, los exquisitos dulces que salen de sus conventos, como mantecados, hornazos, roscos fritos, pestiños, alfajores o ajonjolís.

Del mismo modo que el olivar late en el corazón de la tierra, su cocina o la condición de sus gentes, Jaén abre también las puertas de la esencia del aceite de oliva, su más prestigioso y reconocido producto, al turismo a través de La Vía Verde del Aceite.

Esta iniciativa se ha convertido en una atractiva oferta de turismo de interior a lo largo de la antigua ruta del ferrocarril Jaén-Campo Real, que transportó desde finales del siglo XIX hasta los albures del XX viajeros y mercancías, principalmente el aceite de la comarca que le dio el nombre popular de Tren del Aceite.

La infraestructura ferroviaria fue desmantelada a partir de 1985 y hoy es guía de una ruta que discurre a través del paisaje típico de campiña de la comarca, una cubierta de olivos salpicada por cortijos andaluces.

A lo largo de sus 55 kilómetros de longitud, desde la ciudad de Jaén, donde nace, hasta Alcaudete, en el límite con la provincia de Córboba, la Vía Verde del Aceite atraviesa Torredelcampo, Torredonjimeno y Martos.

En su camino, ideal para los amantes de la naturaleza, se pueden practicar deportes como el senderismo o el cicloturismo, atravesando ríos, arroyos, miraderos a impresionantes desfiladeros y viaductos del siglo XIX proyectados por ingenieros franceses como Delapierre y Alessandre.

La Ruta Arqueológica de Torreones y la Ruta de los Castillos y las Batallas destacan como grandes atractivos de esta ruta, así como las reservas naturales de Laguna Honda y Laguna del Chinche y el Pantano de Valmayor. Pero no son los únicos, pues el Museo Cultural de Olivo y el Museo de la Oliva, en Úbeda y Baeza, guardan y revelan los secretos mejor guardados de un misterio que ha hecho de las Sierras de Cazorla, Segura y Magina yacimientos de un oro líquido de valor incalculable.