Asentada sobre un batolito se encuentra la ciudad de Trujillo, una de las localidades más emblemáticas de Extremadura por su rico legado prehistórico, prerromano y musulmán. Cada año, al llegar la primavera, la ciudad que vio nacer al conquistador de Perú, Francisco Pizarro, abre sus puertas a los amantes de la gastronomía que acuden a disfrutar de la popular Feria del Queso. Tradición muy arraigada en la zona puesto que no hay que olvidar que Trujillo era ya en el medievo un importante centro quesero, que adquirió un auge especial a partir del siglo XV por su estratégica ubicación geográfica.
La Feria del Queso de Trujillo, que se celebra anualmente a finales de abril, desde 1986, puede considerarse una de las más importantes de Europa de este sector, con más de 6.000 metros de exposición, instalados en la monumental plaza mayor de la localidad. En su centenar de expositores se aglutinan más de 300 variedades diferentes de quesos artesanos, la mayor parte de ellos con denominación de origen.
En la cita están representadas el 90 por ciento de las comunidades autónomas españolas y varias comarcas de Portugal, que dan a conocer a los visitantes, sus mejores quesos.
Y nada mejor para acompañar al queso en un luminoso día de primavera que un buen vino. Así, gracias a un cómodo sistema de tickets, los visitantes pueden degustar todos los quesos que deseen, al tiempo que disfrutan de un delicioso tinto extremeño "Ribera del Guadiana". Además, el evento permite a los turistas, la posibilidad de comprar los quesos que más les hayan gustado en los propios stands.
Si por el contrario prefiere dejarse guiar por el consejo de un experto, cada año, simultáneamente a la celebración de la feria, tiene lugar un concurso que elige a los mejores quesos expuestos, dentro de cada categoría: cabra y oveja en sus dos versiones de pasta dura y pasta blanda. Un sistema que logra elevar sustancialmente las ventas de los quesos ganadores.
Y como complemento a la feria, la ciudad designada Conjunto Pictórico Histórico ofrece infinitas posibilidades al visitante. Una de las más atractivas es la Iglesia de Santa María la Mayor. Fue construida en el siglo XIII, tras la conquista de la ciudad, posiblemente sobre una de las mezquitas árabes que existían en Trujillo. La iglesia conserva elementos románicos y góticos, pero sufrió una importante restauración en el siglo XVI. En el interior sobresale el retablo mayor gótico, ejecutado en el taller de Fernando Gallego y el coro plateresco.
También es recomendable recorrer las exposiciones pictóricas del conventual de San Francisco y en el palacio de San Carlos, visitar cualquiera de sus palacios o casonas, recorrer sus estrechas callejas empedradas hasta subir a su castillo. Y si aun quedan energías, nada mejor que "escalar" hasta el cerro de Cabezo de Zorro, desde donde se percibe la mejor vista del conjunto de la urbe.