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LA "RESPIRACIÓN" DEL VINO

La cata de un vino es un ritual mágico, que capta la atención tanto de los profesionales como de los no iniciados. Y una de las claves para que este proceso sea óptimo no es otra que la adecuada oxigenación de este líquido. Normalmente las botellas se descorchan con anticipación y el vino se sirve en copas a las que se hace girar con rapidez para que el oxígeno penetre y haga ascender los aromas más volátiles. Los enólogos, no obstante, prefieren utilizar la expresión: "el vino necesita respirar" para que mejore la percepción de su aroma y bouquet. Sin embargo, la función original de decantar, que responde a lo que es su definición literal es la de separar el vino de los sedimentos (pequeñas partículas sólidas), provocados por envejecimiento y maduración del vino en botella, especialmente en el caso de los tintos. También en algunas ocasiones este cambio de recipiente contribuye a eliminar los posibles olores propios de un vino que ha permanecido largo tiempo madurando dentro de una botella.

Los expertos recomiendan que la botella de vino haya permanecido en posición vertical, al menos durante el día anterior a la decantación. Una vez abierta, se procederá al vertido en un decantador en un lugar seco y oscuro, para que no afecte a las propiedades organolépticas del vino, con un movimiento continuo y suave hasta que se pueda observar que los sedimentos han alcanzado el cuello de la botella.

Sin embargo, pese a que es reciente la globalización de las catas de vino, el uso de decantadores para oxigenar este producto data de épocas remotas. Así, las frascas y jarros romanos elaborados en plata o vidrio pueden considerarse precedentes de los actuales decantadores. Aunque existen antecesores más antiguos como los cantaros de barro, con asas y cuello pequeño adornados con algún dibujo y coloreados o incluso con un barniz de sal, que daba cierta rugosidad a la superficie. La evolución de este utensilio prosiguió durante la Edad Media, un periodo en el que el bronce y la plata fueron los materiales más usados. Pero ambos se fueron sustituyendo de forma paulatina por el vidrio y éste, a su vez, por el cristal, que es, sin duda, la materia prima estrella en la actualidad.

El decantador hoy en día es un instrumento que, además de funcional, goza de una utilidad decorativa. Pese a que los hay de diferentes tamaños y formas, suelen estar fabricados con cristal transparente para ver con claridad el color del vino, tener una capacidad aproximada de un litro para que pueda contener perfectamente la botella standard de 75 centilitros y, finalmente, disponer de una boca ancha que evite derramar el líquido cuando se esté trasvasando.

Pero la tecnología también llega al mundo del vino y los aficionados a la cata disponen de nuevas alternativas para decantar sus "caldos". Así, desde hace poco se puede adquirir unas copas que poseen la capacidad de oxigenar el vino en tan sólo 4 minutos, frente a los entre 45 y 120 minutos, dependiendo del cuerpo del vino y de su añada, que precisa un decantador tradicional para realizar la misma tarea. Esta copa-decantador es posible gracias a la única composición de su cristal, sin óxido de plomo, que permite que una mayor cantidad de oxígeno penetre por las paredes de la copa, logrando así una más rápida percepción sensorial del vino.

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