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Descubrir insólitos rincones de nuestra geografía, ensalzar las percepciones de nuestros sentidos y establecer nuevas relaciones en un entorno didáctico y lúdico son sólo algunas de las posibilidades que el turismo enológico brinda a quienes estén dispuestos a seguir nuevos caminos en su búsqueda de una experiencia única.
El enoturismo sigue una fórmula innovadora y de calidad para armonizar el fervor por viajar y la pasión por el vino, abriendo las puertas a un nuevo espacio que contiene todos los secretos del elixir del Dios Baco: el misterio de su elaboración y la clave para desentrañar los enigmas de su disfrute.
En una experiencia enológica, todos los sentidos se desinhiben y se disponen al deleite de una explosión de placeres que irán llegando a descubrir, a cada paso, los encantos que nos ofrece.
En nuestro país, las bodegas han acondicionado sus instalaciones para que el gran público penetre en el corazón de su actividad y, en muchos casos, incluso pueda vivir en plenitud su experiencia alojándose en su interior, en mimados espacios donde todos los detalles han sido cuidados para la comodidad de sus visitantes.
Las sensaciones más intensas llegan al explorar la cultura del vino que se dispone ante nuestros ojos. Enólogos y sommeliers se ponen a disposición de los enoturistas para disponer sus emociones en torno al desconocido mundo del análisis sensorial, las catas, los maridajes que exaltan sabores y texturas, e incluso el cuidado y mimo que las uvas experimentan desde la viña hasta las barricas en que descansarán para envejecer y convertirse en grandes caldos. Los paseos por los viñedos, a caballo o en bicicleta, se tornan en experiencias sublimes en un paraíso natural.
Pero, además, otras muchas perspectivas se abren en la oferta de actividades de las bodegas de nuestro país, que permiten disfrutar del relax y la tranquilidad que las instalaciones de golf, los paseos en carruaje de caballos o balnearios y spa, rodeados de emblemáticas postales.
Por otra parte, los amantes de la aventura y el aire libre no quedarán impasibles ante los viajes en globo, las rutas de senderismo o rafting, las clases de hípica o actividades deportivas y acuáticas –vela, submarinismo, surf, esquí acuático- que podrán disfrutar.
En nuestro país hay 63 zonas vitivinícolas amparadas por las Denominaciones de Origen, además de las indicaciones geográficas propias de los Vinos de la Tierra, donde el ocio, las fiestas y el placer se orienta de manera diferente. En Andalucía, el flamenco y los caballos de raza se erigen como distintivo, los mariscos y el mar, hacen lo propio en Galicia, las muestras de arte románico se hacen indispensables en Somontano y, de este modo, cada rincón de nuestro país configura sus singulares emblemas.
El particular encanto de cada tierra, que obsequia a los turistas con su gastronomía autóctona, su cultura y su arte, espera en cada rincón para convertirse en una oportunidad de cuidarse y descansar, divertirse y disfrutar del aire libre y de nuevas amistades con inquietudes y gustos comunes, pues al fin, el mundo enológico se ha configurado como una forma de turismo idóneo para singles. No esperes más, el enoturismo se ha decidido a ‘mimar’ a las personas independientes que no tienen miedo a disfrutar de su ocio sin depender de nadie, sino compartiéndolo con otros singles enamorados del vino y con suficientes inquietudes para adentrarse en un apasionante mundo lleno de sorpresas y abundantes placeres.

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